lunes, 7 de noviembre de 2016

¡Que molesta se volvió la vida! - dijo ella.
Era una dama de 80 años, sus arrugas contaban infinidad de historias, sus ojos opacos, algo sombríos como esperando la última visita de un desconocido, contaban una feroz y apasionada novela Que había vivido. Su última sonrisa había sido hace mucho, fue recordándole, ¿Quien era él?, Constantemente su mano empuñaba una vieja foto, debo suponer que era él, ¡Que simpático! Tenía una mirada profunda, sus ojos, como el café que tomaba en la mañana, eran fuertes, sus labios delgados y delineados, en su mejilla izquierda un lunar, en su ojo izquierdo dos pequeñas pintas. Recurrentemente ella vagaba en un pensamiento de ¿que hubiese pasado si...?, se lamentaba con aquellos a quienes la escuchaban. Tenía razón ¡Que molesta se había vuelto la vida! Ya no lo tenía a él, ya no sonreía, tenía en su pecho un incesante dolor por extrañarlo, era molesta en todos los sentidos, aún más por haber pasado una vida entera junto a él y ahora al final del camino, tenía que seguir sola, esperando que al por última vez sus esencias se unan en la eternidad. 

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